Poemas de la Costa Caribe colombiana

Los siguientes poemas son del escritor colombiano Miguel Iriarte, nacido en Sincè (Sucre, norte de Colombia). Estos poemas corresponden a su libro DOY MI PALABRA.

 

Poema del amor definitivo

 

Últimamente ando

con una miel extraña

                                     en la memoria.

Con un dulzor azul

Que se me pega al cielo

                                           De la boca.

Con una sensación muy parecida

                                                            A ti:

Me consta que te quiero.

 

 

Nocturno

 

Entre el mar y la noche del Caribe,

desnudo ya

de mi franela rayada

de marino noctívago,

encontré

tu redondo mordisco de sal

tatuándome los besos

                                       en el alma,

a la hora en que las piernas

preparan el abordaje definitivo.

y amaradentro voy.

 

 

¡Ola!

 

                                     "...Y me pongo a pensar... - mujer,

                                                            ¡como te expandes!".

 

                                                VINICIUS DE MORAES

 

Porque cada domingo vienes

                                                  de la playa

con ìntegra la sal del ocèano

                                        en la entrepierna

y el azul del amor en la mirada,

                                                    eres el mar.


Con todo el sol del siglo

hecho sombras en tus curvas,

y la arena,

                 toda la arena,

eres el mar: ese hablador de espumas.

   

¡Ola!

       Me dices cuando llegas,

y me bañas

              como que eres el mar.

 


Poètica

 

Llega.

Se anuncia.

Me trafica.

Se va distinta

y yo no sigo siendo

                          el mismo.

 

 

Retrato

 

Esto soy ahora:

Una rùstica bola de nervios

                                     e impaciencia.

Un desespero total,

sin falta ni excedente.

Algo que no percibe sino

                                 la resonante fuerza

de la mùsica,

y por ahì

uno que otro beso

que succiona mi tristeza

y me empuja hacia el latido.

 

Esto soy:

y no me asiste la obscena inquietud de ser feliz.

Los siguientes poemas son de Rubén Darío Arroyo quien naciò en Sincelejo, Sucre Colombia, en 1955. Poeta y ensayista, es Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad del Atlántico, donde es profesor en las Facultades de Ciencias Humanas y Educación. Ha publicado los poemarios: Postales para Martha, 1987; Crónica y Ausencias, 1997 y Hojas de Diario, 2001.

 

ESQUELA.

A veces
me siento
como Heráclito sin fuego.
Puede pensarse
que es por las guerras
de este tiempo.
Es por tu ausencia.

MOMENTO

En un momento
Un hombre viejo
Y muy sabio
Escondió la cicuta
Para evitarme
El final de la nada
Que llevo en estas manos indefensas.

 

 

HISTORIA BREVE.

El suicida tenso
Se balanceaba
En el piso veintidós,
Ya casi nada
ni nadie
podía persuadirlo
de aquel salto
más allá del tiempo.
Alguien.
no se sabe quién
dijo
que ella había regresado
con la lluvia.

UNA POSTAL

En la tarde
El sábado se detiene,
una joven esbelta
patina alegre por el parque,
los robles soberbios
danzan la cumbia del viento ebrio.
Sobre el césped
unos mendigos
disputan monedas y migajas,
dos amantes se besan
olvidando el ruido Y la violencia.
De mi no te preocupes:
pienso en ti.

 

Poemas de Mieira Del Mar, escritora colombiana nacida en Barranquilla; su verdadero nombre era Olga Chams Eljach.


 

ALLÁ

 

Si acaso al otro lado de la vida
otra vez, por azar, nos encontramos,
¿se reconocerán nuestras miradas
o seremos tan sólo un par de extraños?

De todos modos te amaré lo mismo.
Juntos. O separados.

 

 

BREVE

 

Llegas cuando menos

te recuerdo, cuando

más lejano pareces

de mi vida.

Inesperado como

esas tormentas que se inventa

el viento

un día inmensamente azul.

 

Luego la lluvia

         arrastra sus despojos

y me borra tus huellas.

 

 

EL MILAGRO

 

Pienso en ti.

 

La tarde,

no es una tarde más;

es el recuerdo

de aquella otra, azul,

en que se hizo

el amor en nosotros

como un día

la luz en las tinieblas.

 

Y fue entonces más clara

la estrella, el perfume

del jazmín más cercano,

menos

punzantes las espinas,

 

Ahora,

al evocarla creo

haber sido testigo

de un milagro.

 

 

LA AUSENCIA

 

Se me perdió tu huella.

                           Un viento

huracanado y frío la borró del sendero,

dejándonos los pasos

sin rumbo alguno ahora,

sin saber hacia dónde

orientar el destino.

 

En torno de esta inmensa

soledad gira y gira

el desmedido anillo

del horizonte en vano.

 

Me llaman los caminos

pero no los encuentro:

tu voz, mi rosa náutica,

mi rosa de los vientos,

se me apagó en la noche.

 

 

PERFUME

 

Vuelvo a tenerte, amor,

como si nunca

te me hubieras ido.

 

Tus manos me recorren

el rostro suavemente,

y te oigo la voz en un

                 susurro

que me roza el oído.

 

Vuelvo a tenerte

y pienso en el perfume

que de nuevo me hiere

aunque el jazmín no exista.

 

Relatos de Amira De La Rosa, escritora barranquillera cuyo nombre verdadero era Amira Arrieta McGregor.

 

EL JAZMÍN DE LA PRINCESA


La princesa tenía un jazmín que vivía con su mismo aliento. Se lo había regalado la luna.

La princesa tenía ocho o nueve años pero nunca la habían dejado salir sola de palacio. Y tampoco la llevaban donde ella quería.

Un día dijo a su flor:

-     Jazmín, yo quiero ir a jugar con la hija del carbonero sin que lo sepa nadie.

-     Ve, niña, si así lo quieres. Yo te guardaré la voz mientras vuelves.

La niña salió dando saltos. El carbonero vivía al principio del bosque.

Pronto la Reina echó de menos a su hija y la llamó:

-     Margarita, ¿dónde estás?

-     Aquí, mamá, dijo el Jazmín imitando la voz de la princesa.

Pasó un rato y la Reina volvió a llamar:

-     Margarita, ¿dónde estás?

-     Aquí, mamá, contestó el Jazmín.

El principito, hermano de Margarita, llegó del jardín. Era mayor que su hermana y ya cuidaba de ella.

-     Mamá ¿no está Margarita?

-     Sí, hijo.

-     ¿Dónde?

La Reina llamó a su hija y el jazmín contestó como siempre.

El príncipe se dirigió al lugar de donde venía la voz pero no vio a nadie.

La Reina repitió la llamada y el jazmín contestó. Pero pudieron comprobar que la niña no estaba, ni allí ni en ninguna parte.

Avisaron al Rey. Vinieron los cortesanos. Llegaron los guardias y los criados. Todo el palacio se puso en movimiento. Había que encontrar a la niña. La gente corría de un lado para otro en medio de la mayor confusión. La Reina lloraba. El Rey se mesaba los cabellos.

La Reina volvió a llamar esperanzada.

-     Margarita, ¿dónde estás, hija?

-     Aquí, mamá.

Se dieron cuenta de que la voz salía de la flor.

El Rey dijo que echaran el jazmín al fuego porque debía estar embrujado; pero la princesa llegó a tiempo para recogerlo.

Su hermano le dijo autoritario:

-     ¡Entrega esa flor!

-     ¡No la doy! Es mi jazmincito. Me lo regaló la luna.Y lo apretó contra el pecho.

-     Una flor que habla tiene que estar hechizada, dijo un palaciego.

-     No la doy.

El Rey ordenó:

-     Quitadle la flor a viva fuerza.

Y la niña, rápidamente, se la tragó. El jazmín, no se sabe cómo, se le aposentó en el corazón. Allí lo sentía la niña.

Todos lloraban porque decían que la princesa se había tragado un misterio. Y que vendrían muchos males a ella y al Reino. Pero no. Sólo que, a la Princesa Margarita, se le quedó para toda la vida la voz perfumada.

 

 

LA LLUVIA


A Margarita le entraron unas ganas desesperadas de saber contar.

Le enseñaban con garbanzos y ella se aplicaba:

-     Uno, dos, tres... veinte... treinta...

-     ¿Y ahora qué sigue?

-     Y así un día y otro?

Cuarenta, cincuenta... y ya contaba de corrido hasta ciento. Estaba feliz.

Un día aparecieron nubes en el cielo. Ella se sentó junto a la ventana de su cuarto sin hablar. A todos les extrañó verla con la vista fija sobre los cristales.

Empezó a llover y ella soltó por el aire sus números, los que había aprendido, como si fuesen globos de colores.

-   Uno, dos, tres... Contaba apresuradamente con ansiedad. Apretaba la lluvia y ella casi se ahogaba porque el agua podía más que su ligereza.

-     Sesenta... setenta... noventa... cien...

Y soltó a llorar.

-     ¿Qué te pasa?

-     Se me acabaron los números. Ya no puedo contar más.

-     ¿Qué contabas?

-     Eso... eso... Yo quiero saber cuántas gotitas tiene la lluvia.


Jorge García Usta, nació en Ciénaga de Oro en el año 1960 y murió en el año 2005 en Cartagena, hizo estudios de filosofía y letras en la Universidad Santo Tomás de Aquino y ha publicado numerosos trabajos de investigación literaria y periodística. Sus libros de poemas son Noticias desde otra orilla (1985), El reino errante (poemas de la migración y el mundo árabes) (1991), Libro de las crónicas (1989), Monteadentro (1992) y La tribu interior (1995).

 

Balada de Teresa Dáger 

 

No hubo mujer bajo estos soles

como Teresa Dáger:

mitad cedro, mitad canoa.

Era bella, inclusive, al despertarse

y después de comer ese pobre trigo

nativo.

En las esquinas, a su paso,

hombres sudorosos

interrumpían las liturgias del comercio

y maldecían la muerte.

Era una forma ansiosa.

Procedía de una furia vegetal.

No la salvó tampoco su belleza.

Ahora, a los 80 años,

a diferencia de otras que fueron feas y

felices,

Teresa Dáger sueña sola en el piso quince,

rodeada de zafiros derrotados.

Y solo piensa en ese arriero de Aleppo

que el 7 de Agosto de 1925

la miró con ganas y en silencio

tres segundos antes que su padre

la enviara al destierro de la trastienda.

 

Del silencio

 

Cuando ella puso la mano de él

en su sexo intacto

y él usó su mano como quien roza

un fuego nunca prometido

Cuando ella lamió su ombligo

con aquella sed súbita y antigua

y él vio brillar sus nalgas

como una zanja de pedernal en la noche de la selva

ambos supieron que sus abuelos tenían razón.

La mayor pobreza está en las palabras

 

Tu voz

 

Tu voz que divide la lástima del aire,

chorro de veras en el surtidor de la locura,

ánima de discordias,

fruta obscena en la pila de las puras.

Tu voz, morral para el desterrado.

Tu voz, que forma corazas de inútil oro

en el muro de la cocina, tu voz que agita

el pesar de la yuca, tu voz que anima

el lodazal y enciende las salas de recibo

donde el gerente ignora al monstruo que lo custodia.

Tu voz que baila

en la punta de los desaires,

címbalo diagonal de nueve condenados,

penacho de maíz flotando

en la plaza moribunda,

principio gemelo de mi mejor porción de almas.

Tu voz

que sabe irse.

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Comentarios: 6

  • #1

    lewis david pacheco (lunes, 17 octubre 2011 16:22)

    me gusto la pagina por los diferentes resumen literarios que encontramos en ella y tambien por los poemas que se encuentran en la pagina

  • #2

    leandro julio mendieta (lunes, 17 octubre 2011 19:04)

    me gusto la pagina por los poemas y los personajes que pude con0ocer atravez de la pagina ademas son unas poemas muy chebre de leer por q tienen algo de sentimiento

  • #3

    manuel ramos (lunes, 17 octubre 2011 19:12)

    me gusta la pagina por que nos enseña que la literatura es la mejor manera de expresar nuestros nuestras ideas .
    me gusta el poema de julio cortaza el axolotl por que me parece mu interesante

  • #4

    bladimir lambis (viernes, 21 octubre 2011 17:55)

    estoy deacuerdo con manuel por que la literatura se puede espresar sentimientos y tambien como toda profecion la literatura es un arte que todas las personas no lo posee

  • #5

    Narem De La Rosa (martes, 25 octubre 2011 21:18)

    UNA POSTAL.
    chevere.. el personaje del poema mira y detalladamente comenta el panorama que lo rodea dejando claro al final que piensa en tal persona..
    No deja lugar alguno a celos o algo por el estilo..
    muuuyyy bueno..

  • #6

    Juicer Review (sábado, 13 abril 2013 07:24)

    This is an excellent write-up! Thanks for sharing with us!

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